16 diciembre 2009
Y finalmente llegó Pacheco…
Desde que recuerdo, mis navidades han transcurrido o en Caracas o en Valera, donde están las familias de mi papá y mamá. Los emblemas de las navidades caraqueñas para mi siempre fueron el San Nicolás en trineo de luces que ponían en el CCCT (que este año se omitió debido al racionamiento de electricidad en nuestra ciudad), las compras navideñas de última hora, la comidita navideña infaltable y por supuesto el frio!!.
No obstante, este año el clima ha estado fastidiosamente caluroso desde noviembre, no sé si por los mundialmente mencionados efectos del calentamiento global o por el constante miedo de la gente que relaciona el calor con un temblor o sencillamente porque a “Pacheco” - nuestro querido representante de la temporada navideña- le provocó holgazanear un poco más y bajó mas tarde.
Sinceramente no me extraña que lo haya hecho tomando en cuenta el aumento descomunal de la delincuencia en nuestro país, pero lo cierto es que tarde pero seguro…llegó y en grande!!!.
Mi apartamento parece un pequeño igloo donde el viento helado que entra por cada ventana te quita las ganas de pararte de tu cama y desenrrollarte tu edredón de encima jajajaja, un grave problema para aquellos que no tenemos vacaciones decembrinas y seguimos levantándonos temprano para ir a laborar :S
Y sí, en este punto podrían decir: “ Bueno, pero cierra un poco las ventanas!”…ohh no… el detalle es que ventana cerrada o no, la sensación es casi la misma jajajaja y ayer estuvimos con temperatura nocturna de 15° . Pero a pesar de todo, amo este clima!!! no soy muy “tropicaliente” así que me adapto bien, me pongo mi colección de sueters, chaquetas, bufanditas, demás implementos y lista!.
Después de todo… que sería de Diciembre sin nuestro Pachequito?

Carolina G escribió,
18 diciembre 2009 a 11:27 AM
El misterioso y frío Pacheco
Claudio Nazoa – EL NACIONAL
A comienzos del siglo XX, del caserío de Galipán en el cerro el Ávila, llegaba a Caracas un hombre que arreaba tres burros cargados con infinita variedad de flores.
De apellido Pacheco y nombre desconocido, vestido con una ruana andina, de andar pausado y mirar confiado, el vendedor de flores y su comitiva difícilmente pasaban inadvertidos.
Guásimo, Chola y Cachirulo se llamaban las bestias que entraban a una Caracas de 120.000 personas. Pacheco, visto desde lejos, parecía un hombre que jalaba 3 inmensas paletas de pintor atiborradas de colores y fragancias exuberantes.
A Pacheco no le gustaba Caracas. Le parecía ruidosa, desordenada y sucia, además los zagaletones de la ciudad le mamaban gallo y algunos hasta le azuzaban los perros callejeros.
–Vamos Guásimo, ¡ni voltee…! Y usted, Chola, no le haga caso a esos perros sarnosos, recuerde que usted es una señorita…
–Jijoooouuuu, Jijoooouuuu…
–rebuznaba Cachirulo como dándole la razón.
Por el escándalo, la gente de Puerta de Caracas se asomaba a las ventanas y comentaba: –¡Con razón hacía tanto frío anoche! Es que comenzó noviembre. Fíjate, ¡ya llegó Pacheco! –¡Los claveles de Galipán! ¡Tres por un centavo! ¡Ocho por una locha…! ¡Las gladiolas y los crisantemos…! –gritaba con orgullo el señor Pacheco–.
–¡Se nos fue el año! –decía una señora que lavaba ropa mientras fumaba con la candela pa’ dentro–.
Pacheco odiaba el calor y por eso nunca bajó a La Guaira para vender flores, prefería ir a Caracas pero sólo durante los meses fríos como noviembre, diciembre y parte de enero.
Pacheco subía por el Camino de los Españoles (todavía existe) y llegaba a Caracas por Puerta de Caracas, en la parte alta de La Pastora. Luego bajaba y se encontraba con la plaza de La Pastora frente a la imponente iglesia donde aún retumba un redoblar de campanas afinadas de tal forma que tocan melodías religiosas.
Nuestro amigo tomaba un descanso, tiempo que aprovechaba para vender flores.
–¡Pacheco, ya llegaste! ¡Qué bueno! Porque ya el calorón no se aguanta.
–¡Menos mal que llegaste, porque con estos calorones que están haciendo, no tendría nada de raro que temblara! –gritaba el chichero de la plaza.
Tomado el descanso, la caravana seguía por los lados en donde hoy termina la avenida Baralt y comienza la Cota Mil.
Luego continuaban hacia San José, en donde Pacheco, junto con otros galipaneros, fundó sin querer “el mercado de las flores de San José”, sitio que aún existe al final de la avenida Fuerzas Armadas norte.
Pacheco dejó de venir a Caracas hacia finales de los años cuarenta. Al principio de los sesenta, Caracas necesitaba un símbolo que anunciara que se acababa el año y que llegaba el frío. Un ingeniero de La Electricidad de Caracas, el norteamericano Ottomar Pfersdorff, en el año 63, diseñó y encendió la famosa Cruz del Ávila.
Nunca se supo qué pasó con Pacheco. Quién quita que el frío que ya no tenemos se lo haya llevado en venganza por lo de los zagaletones y de los perros callejeros que tanto se metieron con él.
Me lo imagino con sus flores diciendo: –¡Que se frieguen esos caraqueños con el calor! ¿Quieren frío? Bueno, busquen al San Nicolás ese con sus renos.
Pacheco, ¡regresa! ¡Ya los zagaletones crecieron y te quieren, y por los perros no te preocupes, a esos los amarro yo o te los presto para que, junto con tus flores, se los eches a las mujeres bellas de Caracas!
Mariaemilia escribió,
31 diciembre 2009 a 10:31 AM
Pacheco como que te jugó kikiriwiki este diciembre!!!!!!!!!
Isabel Moreno escribió,
20 enero 2010 a 6:55 PM
Hija me parece buenisimo!!!!!!!!!!, uno se entera de todo y bien resumido te felicíto. el comentario de Pacheco muy bueno yo no lo conocia. besitos que Dios te bendiga Chauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu